¡Si te enamoras no tomes decisiones: antes, regula!

Hace poco leí que alguien recomendaba no tomar decisiones cuando se estaba enamorada o enamorado… y no estoy del todo de acuerdo. Es inevitable y según cómo, imprescindible, tomar cuando el amor truca a nuestra puerta. Solo hay que sabernos regular.

Una de las preguntas recurrentes que me hacen a las charlas y a las formaciones es si hay que regular emociones como la alegría, la calma o el amor, que nos aportan bienestar… igual que basura con el miedo, la angustia, la frustración o la ira, que nos restan. ¿Habéis tomado, alguna vez, decisiones equivocadas o apresuradas bajo los efectos del enamoramiento? ¿Habéis perdido el control de la situación por una euforia desenfrenada al celebrar una buena noticia? ¿Os habéis dejado llevar por la confianza ciega y habéis pagado las consecuencias?, o ¿os habéis metido en un lío con la seguridad que lo teníais todo muy ligado? ¿Os ha pasado? ¡Entonces estaréis de acuerdo conmigo, que sí, que todas estas emociones también se tienen que regular! El propósito de la regulación emocional es ajustar la intensidad de la emoción y su expresión para dar la respuesta más adecuada al estímulo o al acontecimiento que la ha provocado, como explico en la anterior entrada al bloque, y esto, vale para cualquier emoción, sea positiva (de las que nos aportan bienestar) o negativa (que nos restan), todas ellas necesarias, recuerda: ni buenas ni malas. Quien más quien menos, disponemos de estrategias y de mecanismos que funcionan prácticamente de forma inconsciente, y nos permiten regular la mayoría de emociones que sentimos a lo largo del día sin ni darnos cuenta. Solo, en momentos de más intensidad o si nos pilla por sorpresa, la emoción se puede ir de madre y nuestra respuesta puede ser desmesurada o inadecuada. Es entonces cuando sentimos que nos faltan recursos para regularla y, por lo tanto, también la necesidad de aprender. Está claro que es más fácil con unas emociones que con otras, y las consecuencias de no hacerlo, son también, muy diferentes. A veces nos podemos confundir con el objetivo, pensando que se trata de hacer desaparecer o de minimizar una emoción y así, recuperar el bienestar. ¿Entonces, qué sentido tendría regular las emociones positivas? si el que quiere todo el mundo es sentirse bien! Pues porque solo, dar una respuesta ajustada nos facilita el bienestar que todos y todas buscamos, y la regulación es la clave. Por lo tanto, si resulta que tienes la suerte de estar enamorado o enamorada, disfruta todo el que quieras y cuando haga falta, regula… ¿Cómo? Bien, ese es otro tema, ¿no? 😉

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